El Estado de los uruguayos
julio 29, 2010
Archivado en Destacados, Opinión
El Estado y el rol que ha venido cumpliendo a lo largo de la historia, ha venido cambiando. Hemos pasado por el Estado que privilegiaba la seguridad, ausente en lo jurídico y económico, mero “removedor de obstáculos” -el estado juez y gendarme- pasando al Estado activo, intervencionista, que actuaba en lo jurídico y en lo económico, llegando al Estado de Bienestar. En ese proceso, la relación generada entre el Estado y los ciudadanos ha adquirido distintas dimensiones.
El Estado moderno debe recuperar el espíritu de superación de los individuos, basada en la reconstrucción de la convicción de que el esfuerzo es el camino hacia el progreso. Apoyado en dos principios, libertad y responsabilidad. La vida en comunidad exige ejercer derechos, pero también, y como contrapartida, cumplir obligaciones. Es el concepto de la corresponsabilidad ciudadana, donde aparece también, y de mejor manera, el principio de solidaridad. Donde todos contribuimos con el desarrollo y el progreso de la comunidad.
Pero todo ello no será posible si el Estado no cumple su rol. Para nosotros el Estado es orientador, regulador, garante, compensador, pero también promotor. Para cumplir esos cometidos, el Estado debe afrontar ciertas reformas.
Mucho se ha hablado de la Reforma del Estado. Se ha dicho que era la madre de las reformas, es cierto. Pero no ha llegado. No se la ha entendido. Ella no puede agotarse en mutaciones burocráticas, en la duplicación de actores de gobierno, sino en mejorar las respuestas.
El Estado está para ayudar al individuo, las instituciones intermedias y el Estado como Persona Pública Mayor no puede ni sustituir ni limitar las capacidades del individuo.
La misión del Estado es auxiliar a quienes no se pueden ayudar a sí mismos, en una dimensión compensadora, logrando hacer de los individuos, ciudadanos capaces de gerenciar su propio proyecto vital. Que sean capaces de concretar capacidades, deseos y esperanzas.
Hay en este período de gobierno dos instancias para mejorar el Estado y con él, el estado de los uruguayos.
Una es la instancia presupuestal que moldea el Estado que vamos a tener, fijando prioridades. Otra es la propia meta del gobierno y con la que coincidimos, de iniciar medidas que apunten a una reforma del Estado. Ambas están en estrecha relación.
El presupuesto dará la oportunidad de fijar recursos para la educación, para concretar más escuelas de tiempo completo, para dotar de más recursos a la seguridad pública, para mejorar la salud pública, para atender el flagelo de la pasta base que de una vez y por todas debemos afrontarlo con la importancia que merece.
Y la Reforma del Estado que debe suponer la reforma de la eficacia y la eficiencia. Un mejor Estado va a producir una mejor Democracia. En la medida que el Estado sea incapaz o lento en procurar respuestas, la ciudadanía comienza a descreer. El descreimiento empieza primero con los políticos, pero tarde o temprano se extiende al sistema todo.
En nuestro caso, Alianza Nacional, tiene una actitud propositiva. Escuchamos, en oportunidad de celebrarse una audiencia entre Ministro de Economía Fernando Lorenzo y la Agrupación Parlamentaria del Partido Nacional, sobre los ejes que tendrá el proyecto de Presupuesto Nacional. Allí vamos a intentar incidir para alcanzar ciertos objetivos en el sentido de una mejora de la estructura del Estado y su “rendimiento”.
El pasado día 26 de julio presentamos un proyecto sobre una Agencia Nacional de Evaluación, la que con carácter de Persona Pública No Estatal buscará realizar el seguimiento del gasto, de los recursos que los uruguayos aportan para el cumplimiento de las metas estatales. Proponemos una Agencia que no supone más burocracia, supone mejor Estado. La reforma del Estado es la reforma de la eficacia y la eficiencia, y para ello hay que ir monitoreando el gasto y la inversión pública.
Así iremos aportando insumos para mejorar el Estado, con espíritu de colaboración crítica con el gobierno, proponiendo como en este caso, y controlando y marcando los errores cuando corresponda.
Una verdadera reforma del Estado debe tocar temas claves como las inequidades salariales dentro de la Administración, recuperar la dignidad de la función pública revalorizándola, incentivando al funcionario público, muchas veces estigmatizado injustamente, creando concursos, allí donde hace años no hay, para que puedan rehacer la carrera administrativa, siendo innovadores y buscando mecanismos para que la acción privada se combine con la pública, entre otras medidas a implementar.
Hay que modernizar el Estado, para modernizar al país. No podemos anclarnos en el siglo XX, no podemos estar sujetos a paradigmas anacrónicos. El Estado del futuro es el Estado que vuelve a su sentido primigenio, servir a la gente, dar respuestas y soluciones, no problemas.









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