Cada vez hay más luces amarillas
Desde hace tiempo vengo escribiendo sobre la situación excepcional que estamos viviendo y sobre cómo nos estamos manejando frente a ella. Si es excepcional, quiere decir que no es normal y por lo tanto da lugar a consecuencias más allá de las normales. Y esto es precisamente lo que conduce a tomar decisiones acerca de cómo enfrentar la situación.
Las consecuencias de la situación excepcional, originada desde afuera, es decir totalmente exógena, son básicamente dos: primero, un mayor crecimiento de la economía, que está por encima de la tasa normal de crecimiento desde hace ya varios años y que ha llevado a la actividad económica a ubicarse en un nivel también superior al normal, claramente por encima del nivel correspondiente a la tendencia de largo plazo; segundo, una apreciación de la moneda nacional, es decir su valorización real y un encarecimiento local en moneda extranjera. Cabe agregar que aquel crecimiento económico excepcional da lugar a uno similar en materia de recaudación impositiva y a un fuerte aumento de la demanda en el mercado de trabajo que reduce el desempleo a su nivel estructural.
Hasta aquí lo que es “importado”: más crecimiento, más impuestos, pleno empleo y moneda apreciada. A partir de este punto, entonces, hay que ver lo que “aporta” la política económica local, que puede atenuar o reforzar esos resultados.
Todo lo anterior, que describe la situación de la economía uruguaya, también sirve para reflejar lo que está sucediendo en otras economías de nuestro continente. No por casualidad se han empezado a escuchar voces de alerta. Una de estas fue la de Nicolás Eyzaguirre, Director del FMI para el Hemisferio Occidental al cual pertenece nuestro continente, en un reciente seminario sobre metas de inflación en Río de Janeiro.
Según O Estado de Sao Paulo del 12 de mayo, Eyzaguirre “afirmó que los fundamentos económicos de América Latina parecen estar en buena forma, pero instó a los formuladores de política a tomar medidas para impedir que sus economías queden recalentadas, y dejar reservado lo que fuera posible de las ganancias obtenidas con el boom actual. En caso en que eso no ocurra, la región podrá ver sus monedas debilitarse dramáticamente como resultado de un shock externo repentino, tales como una caída de los precios globales de los commodities o un aumento rápido e inesperado de los intereses en los Estados Unidos”. Eyzaguirre mencionó específicamente a Brasil, diciendo que “el gobierno de la presidente Dilma Rousseff debe continuar controlando la economía por medio de una gama de medidas para evitar la exuberancia, o puede acabar en lágrimas. Si una corrección grande ocurre, el capital puede dejar de venir al país repentinamente y ustedes pueden tener una gran crisis financiera”.
Se trata de un punto de vista compartible, ciertamente más que otro, contradictorio con este, que ha venido expresando el FMI con relación a que las economías emergentes debían dejar apreciar aún más sus monedas como forma de restablecer los equilibrios mundiales, o, en otras palabras, para facilitar el ajuste de los Estados Unidos.
Otra de las voces que se ha escuchado recientemente es la de Andrés Oppenheimer, que en una de sus últimas columnas, titulada “¿Se acerca una crisis en Latinoamérica?”, comenta que “varios estudios nuevos publicados durante las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en Washington D.C. confirman lo que el sentido común debería haberles enseñado a los economistas hace varios meses: que existe un verdadero peligro de que el actual ciclo de crecimiento económico de Latinoamérica sea demasiado bueno para ser cierto, y que -si no se adoptan urgentes medidas en la región- tal vez no dure mucho. A diferencia del optimismo sobre América Latina que proyectaban las instituciones financieras internacionales y las agencias de calificación crediticia hace apenas unos meses, cuando muchas de ellas pronosticaban que ésta podría ser `la década latinoamericana`, el clima de las reuniones de este fin de semana en Washington fue de nerviosismo sobre el futuro económico de América Latina”. Oppenheimer inicia su columna relatando que “durante el reciente torneo de tenis Sony Ericsson realizado en Key Biscayne, me sorprendió ver que la mayoría de la gente que me rodeaba en el estadio eran turistas latinoamericanos, cuyas conversaciones giraban en torno de cuantas cosas acababan de comprar en Miami. Pensé para mis adentros: `Si esta afluencia económica parece una nueva burbuja económica, probablemente lo sea“`.
La clave, evidentemente, está en cuál es la respuesta de la política económica local frente al shock externo positivo. Si esa política es cautelosa y prudente, buscará compensar el impulso proveniente del exterior, es decir que será contracíclica y las consecuencias del shock externo serán un mejor resultado fiscal, una reducción de la deuda pública y un tipo de cambio real que empeorará versus las economías que no reciben el mismo shock pero que se mantendrá estable vis a vis con las que también, como ella, lo reciben.
La política económica local, en nuestro país, por el contrario, ha tendido a amplificar ese shock externo positivo, ha sido procíclica, le ha estado echando más leña al fuego. Se ha gastado todo el ingreso excepcional y tiene déficit fiscal en vez del necesario superávit. Como consecuencia de esa política expansiva, la moneda local se ha apreciado aún más de lo que lo habría hecho por el impacto del shock externo, hemos tenido más inflación en dólares que casi todo el resto del mundo y se ha deteriorado nuestro tipo de cambio real por unanimidad, excepto con Brasil.
El aumento del ingreso y el “dólar barato” llevan a consumir más de todo. Cuando aumenta la demanda por servicios provistos localmente, tienden a subir sus precios. Cuando aumenta la demanda por bienes que se exportan o importan, tiende a crecer el déficit comercial. El shock externo y su amplificación interna dan lugar al mismo tiempo a dos resultados: más inflación en pesos y en dólares y más déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos.
A todo esto, ¿se verifican esas situaciones aquí y ahora? Lo de la inflación es obvio: ella ha estado oscilando en torno al techo del rango meta, que parece ser más el verdadero centro de dicho rango, y la inflación local en dólares ha estado casi siempre por encima de la mundial. Lo que no es tan obvio es lo otro, lo referido a la cuenta corriente, seguramente porque la información se divulga cada tres meses y con atraso.
Según mis estimaciones, la cuenta corriente de la balanza de pagos ha registrado un deterioro de 2,4 puntos porcentuales del PIB entre los períodos de 12 meses finalizados en agosto y marzo. La mitad del deterioro se debe al sector público y la mitad al privado. Se trata de un cambio demasiado grande para tan breve período, que, de mantenerse en los próximos meses, puede empezar a mostrar números preocupantes en la cuenta corriente.
Dicho deterioro se debe a que las importaciones crecen más que las exportaciones. Desde el Gobierno se pone el énfasis en la buena tasa de crecimiento que estas últimas siguen exhibiendo y se desestima todo planteo referido al tipo de cambio. Pero no es oro todo lo que reluce: el volumen físico de las exportaciones ha desacelerado fuertemente su crecimiento y ahora está cayendo. Los muy buenos y crecientes precios de exportación esconden la caída en términos reales de las exportaciones. Si se ajustan las exportaciones en términos de dólares por la evolución de sus precios, las tasas interanuales de crecimiento se han comprimido: 30% en el segundo trimestre del año pasado, 17% en el tercero, 5% en el cuarto, 3% en el primero de este año. Y en los últimos dos meses, marzo y abril, 8% menos que un año atrás.
Javier de Haedo
El paralelismo de Vázquez y Mujica
Hay veces en que la vida le deja a uno picando la pelota en el área, sólo, con la posibilidad de definir un partido. Depende de uno, en esas instancias, que la pelota finalmente entre o no al arco. Nos sucede a todos, en algún momento, ya en el plano familiar, ya en el profesional, en fin, en las diferentes dimensiones de lo humano. También ocurre eso en la política.
En la política, y para un pretendido líder, esas instancias se dan tarde o temprano y son las que definen la estatura del sujeto. Si da o no con la talla. Y, en el caso de esa actividad y esos sujetos, la imagen de la soledad frente a la pelota y el arco es bien precisa, pues refiere la soledad del poder. Si se es el uno se es el uno y no se delega ni se comparte.
El presidente Vázquez tuvo, a mi modo de ver, dos instancias de esa naturaleza. Similares a los efectos de la imagen que quiero trasmitir, diferentes por lo que en cada caso estaba en juego. Una, la instancia en la que resolvió vetar la despenalización del aborto. Otra, cuando resolvió no ir adelante con el TLC con los EEUU.
En el caso del aborto, un tema de principios, de valores, de profundas convicciones, se la jugó contra su fuerza política y vetó. En el caso del TLC, un tema de gestión, de gobierno, de agenda, no se la jugó de igual modo y fracasó en su intento por llegar a un acuerdo con los EEUU. En un caso fue líder, en otro no.
El presidente Mujica está en la misma encrucijada. El tema aborto para Vázquez es el tema caducidad para Mujica. El tema TLC para Vázquez es el tema APP (Asociaciones Público Privadas) para Mujica.
Tanto en el caso del aborto como en el de la caducidad, se va a lo más profundo de las convicciones. En ambos casos la casi unanimidad de la fuerza política está en una posición claramente definida. En el caso del aborto, contraria a la de Vázquez, que, sin embargo, siguió adelante con sus convicciones y vetó. En el caso de la caducidad… ¿también se puede decir que la posición de la casi unanimidad del Frente Amplio es contraria a la de Mujica? Pienso que sí, a estar por lo que él mismo expresó en Código País en noviembre de 2009, en vísperas del balotaje (“Del punto de vista estrictamente del cumplimiento ni qué hablar, lo laudó el soberano, chau, esto no se discute, se acata. (…) El gobierno que viene tiene que acatar estrictamente. Y tener eventualmente una mayoría parlamentaria, no legitima que se le pueda enmendar la plana a una decisión que tomó la gente. A mí no me agarran en esa, yo no le corrijo la plana a un pueblo”). También, si se observa su gesto en la noche de la aprobación por el Senado del proyecto de ley respectivo, al visitar al renunciante senador Fernández Huidobro. Y también, por todo lo que ha venido trascendiendo desde que la norma recibió media sanción en el Senado, y que está bien reflejado en la página 3 de Búsqueda de la semana pasada: el Presidente dijo al semanario que está “preocupado por esta situación”, porque “tensiona todo” y genera un “panorama complicado”. Además, la publicación señala que para el Poder Ejecutivo la anulación de la Ley de Caducidad generará “efectos negativos”, por lo que se evalúa la “salida política” menos “traumática” para evitarlos. Es decir que el Presidente no está de acuerdo con la sanción de esta ley.
Si el Presidente fuera coherente con lo dicho en oportunidad de pedir el voto a los uruguayos para el balotaje y quisiera evitar todos esos problemas y efectos que la anulación de aquella ley generará, debería vetar también él. No es sensato que él señale una suerte de “oposición conceptual” al uso del veto, que es un instrumento constitucional propio del Poder Ejecutivo en su carácter de colegislador.
Tanto Mujica como Vázquez cuentan con un activo que creo que más nadie tiene hoy en la política nacional: tienen un carisma extraordinario y una capacidad de lograr aprobación por fuera del ámbito de sus votantes. Creo, además, que como nadie pueden ir en contra de la corriente de su fuerza política y no sentirlo en términos de pérdida de adhesiones. Creo que son instancias en las que el saldo de adhesiones ganadas versus perdidas es ampliamente favorable. Entre los propios no pierden mucho y entre los ajenos ganan una enormidad, al menos cualitativamente. Pueden jugar al límite su liderazgo y seguro que no pierden. Quien pudiera….
El otro par de temas es de naturaleza diferente, pero sirve también para medir la estatura del líder. Acá no hay nada de principios fundamentales sino que se trata de cuestiones de gestión de gobierno, de agenda de políticas públicas. Por supuesto, no son temas menores pues la futura prosperidad de los compatriotas depende de este tipo de decisiones.
Y en este plano Vázquez falló. Le ganaron Gargano y compañía. Es evidente que él estaba convencido de que llegar a un TLC con los EEUU sería bueno para Uruguay y los uruguayos. También lo estaba la plana mayor de su gabinete. Sin embargo prefirió allanarse a lo que una minoría del Frente pretendía, con tal de no perder el consenso. Podía habérsela jugado y prescindir de votos propios buscando votos en bancadas opositoras, pero ni siquiera lo intentó. Nos dejó sin saber si en la oposición hubieran estado a la altura de las circunstancias. Pero sí sabemos que el Presidente no lo estuvo.
Ahora le toca a Mujica con las APP: otro presidente, otra sigla. Hace meses que se envió el proyecto de ley respectivo al Parlamento. Aún no se ha aprobado. Se trata de un proyecto clave para el gobierno que correctamente percibe el tremendo déficit en materia de infraestructura que hoy tenemos y desarrolla un instrumento idóneo para resolver el problema sin insumir recursos presupuestales. Es urgente. Basta andar por las rutas y ver las zanjas o surcos que han ido produciendo los camiones, basta circular para no ver trenes, basta no ser muy despistado para comprender que faltan escuelas, liceos, cárceles. Ya se fue un año y pico y aún siendo aprobada en breve, luego vendrán la instrumentación, los pliegos, los llamados, etc. Desde el primer día el Presidente tenía mayoría propia y en este tema seguramente votos en la oposición que pudieran remplazar los propios que se le pudieran refugar. ¿Serán finalmente las APP de Mujica como el TLC de Vázquez? Y no me refiero a si finalmente el proyecto será o no aprobado, que posiblemente lo será, sino que me refiero a que si lo que finalmente resulte aprobado será un instrumento tan válido como el que se pensó en un principio o habrá terminado siendo limitado, licuado, diluido por las negociaciones internas y externas que se han ido dando. Hasta la semana pasada seguían surgiendo voces desde el Frente y los sindicatos, que pretendían seguir empobreciendo el proyecto.
En fin, Vázquez metió una en el arco y tiró la otra a la tribuna. Mujica ahora está en la puerta del área.
Javier de Haedo
Conceptos equivocados en la base
Hace algunas semanas me tocó compartir una conferencia sobre la evolución de la economía con un economista que trabaja para el gobierno, si bien no lo hace en el área del equipo económico en sentido estricto. Su exposición me resultó muy ilustrativa de lo que se piensa en el gobierno sobre algunos temas que están en discusión en la actualidad, como son los casos del punto del ciclo económico en el cual nos encontramos y de lo que tiene que ver con reglas fiscales.
Sobre el ciclo económico, el argumento viene a ser más o menos el siguiente: Uruguay ya no depende tanto de Estados Unidos, Europa o, incluso, sus vecinos; ahora la dependencia es con China, tanto directamente, como indirectamente a través de Brasil que también depende particularmente de China. Y resulta que en China no hay ciclos económicos porque desde hace años crece y crece sin parar a tasas considerables y lo va a seguir haciendo, por la sencilla razón que cada año saca de la pobreza a decenas de millones de personas y aún hay algunos cientos para formar parte del mismo proceso. Entonces, tampoco nosotros (ni Brasil) tendremos la inexorabilidad de los ciclos económicos que supimos conocer en el pasado. Vienen por lo menos diez años más de crecimiento, nunca menos de cinco años más.
Sinceramente, deseo desde el corazón (y también desde el bolsillo) que así sea. Pero creo que se soslayan algunos “detalles”. En primer lugar, más que “sacar de la pobreza” lo que está haciendo China (y no solo China, también India y otros) es “incluir en el mercado” a decenas de millones de personas que lisa y llanamente no pertenecían a él. Se trata de personas que de vivir en el medio rural por fuera de la economía de mercado pasan a vivir en medios urbanos, a habitar en viviendas como las que nosotros conocemos, y a vestirse y a alimentarse de modos que consideramos “normales” y que, ciertamente, hasta ese momento no lo hacían. En definitiva, a consumir commodities, ya sea minerales como los utilizados en la construcción, ya sea de origen agropecuario como los utilizados en la vestimenta y la alimentación. Más allá de la precisión, la consecuencia es la misma. Y es razonable que no tengan ciclos económicos del tipo de los que conocemos nosotros si se entiende por tal a la sucesión de etapas de crecimiento y contracción, en torno a la tendencia de largo plazo. Sin ir más lejos, en los últimos siete años China creció a un promedio de 10,7% anual y nunca menos de 9% en un año. Pero si crecen menos de 9%, no sé si hablan de recesión pero por lo menos pega en el palo. La permanente incorporación de personas a la economía de mercado requiere de un motor girando a muchas revoluciones.
Y es absolutamente cierto que esa presión positiva que viene desde el Oriente nos arrastra fuertemente. Vaya si lo hace. Eso ha hecho que los precios de las materias primas referidas anden por las nubes en términos históricos. Ese fenómeno es el que yo considero real, cierto y permanente y que me lleva a pensar que las materias primas seguirán valiendo mucho por mucho tiempo. Pero no solo está esta parte de la película. También hay una parte que no es real ni permanente y si es cierta solo lo es por un tiempo: la parte financiera y especulativa que es la responsable de la creación de burbujas. China es hoy la misma de mediados de 2008 y lo mismo que se puede contar hoy sobre ella se podía decir entonces. Sin embargo, en ese momento los precios de las materias primas se desplomaron por razones esencialmente financieras más allá de la recesión mundial: entre julio y diciembre los precios de los commodities cayeron 55% según el FMI: 69% el petróleo y 35% los restantes en promedio. Semejantes variaciones no se dan por la economía sino por las finanzas. Ese año, China creció 9,6%, dicho sea de paso. E India 6,4%.
En definitiva, lo que yo creo es que aún compartiendo lo central del razonamiento oficial sobre la evolución de la economía mundial, hay una parte de la historia que esa visión deja de lado, y consiste en la parte del actual boom debida a la situación financiera de los países avanzados, con tasas de interés en la lona y un dólar barato como pocas veces en la historia, amplificada por tasas de interés de locura en las economías emergentes, a las que el FMI les pide que dejen apreciar sus monedas para que faciliten el ajuste de las economías avanzadas. Es decir que coincido en que hay algo permanente en todo esto pero yo pienso que además hay algo transitorio que en el corto plazo potencia lo permanente, suma a él, y que en algún momento no muy lejano va a cambiar de signo provocando una situación cualitativamente parecida a la de mediados de 2008, con un ajuste a la baja en los precios de los commodities y uno hacia arriba en el precio del dólar en el mundo.
El segundo argumento de mi colega del gobierno se refirió a la regla fiscal. La que no debería ser muy relevante si fuera cierto el diagnóstico sobre la aparente derogación de los ciclos económicos y quizá por ello es que desde el gobierno no se le da particular atención a la cuestión y se llega a decir que quienes planteamos la necesidad de tener una regla fiscal a la chilena somos extravagantes. Pero de todos modos, dijo que la tal regla fiscal existe aquí y ahora y está dada por el tope a la deuda pública. Naturalmente, para el gobierno uruguayo la regla fiscal chilena es inaplicable aquí porque no tenemos cobre y allá encima es del Estado. Mi colega fue más lejos y dijo que sería aplicable en el caso en que acá la agricultura fuera estatal. Esperemos que no lo escuche el senador Lorier. Hablando en serio, la regla fiscal chilena incluye el factor cobre (y molibdeno) pero también el factor ciclo económico. Seguramente el primer factor explica la mayor parte de los ocho puntos de superávit fiscal que ellos han llegado a tener en algunos de los últimos años, pero el ciclo también contribuye al superávit, no como acá que estamos en la cresta de la ola y con déficit fiscal.
Pero yendo al centro del argumento, un tope sobre la deuda no es una regla fiscal contra cíclica sino todo lo contrario, es pro cíclica. Fijar una cifra tope de aumento de la deuda pública en un contexto en el cual la economía termina creciendo mucho más de lo previsto y con ella la recaudación, implica en última instancia mantener fijo el resultado fiscal. Y en la medida en que la recaudación resulte mayor, toda ella se puede gastar sin que cambie el resultado fiscal previsto ni la magnitud del aumento de la deuda. Que es precisamente lo que ha ocurrido en nuestro país en los últimos años cada vez que se ha definido la existencia de un “espacio fiscal adicional” debido al mayor crecimiento económico y se lo ha gastado. Y como seguramente volverá a suceder en la próxima Rendición de Cuentas cuando se contraste el crecimiento de 2010, de 8,5%, con el de 6,5% supuesto en oportunidad de la aprobación de la Ley de Presupuesto. O el de 4,5% previsto entonces para 2011 con el crecimiento que ahora se estime para el año en curso.
En definitiva, los argumentos expuestos dan para entender un poco mejor la lógica que está detrás de las políticas en aplicación, pero son parciales y endebles y siguen sin darles un fundamento sólido. Más que esto, parecen ser una elaboración funcional a las políticas vigentes.
JAVIER DE HAEDO
Lecciones del socialismo moderno
Asistí, el pasado jueves 7 de abril, a la celebración de los 25 años de Ceres, institución que integré desde su fundación, recién salido de la facultad, y por cuatro años. Donde mucho aprendí de economistas como Edgardo Favaro y Claudio Sapelli que a esa altura ya tenían destacadas trayectorias y con quienes hoy conservo una estrecha amistad. En Ceres di mis primeros pasos en la profesión y no imagino que pudiera haber habido una mejor alternativa a esos efectos.
Ceres es hoy, y de la mano de Ernesto Talvi, una referencia obligada en la agenda de políticas públicas en nuestro país y al menos en dos instancias públicas cada año expone parte de la producción de la institución y sacude a los uruguayos de esa modorra que entre tantas cosas buenas y malas nos caracteriza.
La celebración del primer cuarto de siglo de Ceres estuvo a la altura de las circunstancias y fue “a la manera de Ceres”, es decir, mediante una exposición conceptual e inteligente que enriqueció a los que la presenciamos. Y, lo principal, con sentido práctico, aterrizado. Estuvo a cargo de Andrés Velasco, destacado economista chileno que fue ministro de Hacienda de la presidente Bachelet.
Velasco habló de política y de economía y lo hizo a partir de la experiencia chilena, con sus luces y sus sombras. No fue una apología de nada, a pesar de ser realizada por uno de los más destacados protagonistas de lo que desde aquí muchos vemos como un proceso exitoso que nos produce sana envidia. Pero partiendo de las luces y sombras de Chile, pudimos apreciar las nuestras y comprobar que en la mayoría de las sombras coincidimos, y que en el caso de las luces, ellos están bastante más iluminados que nosotros.
En materia política, más que hablar de derechas e izquierdas Velasco habló de seriedad y frivolidad. Se definió como “socialista moderno” y no rechazó la definición de “liberal progresista”, que según las palabras previas de Talvi, bien podrían ser sinónimos o, al menos, convergentes. Dado el mundo de etiquetas en el cual vivimos, parece necesario ponerle apellido a algunos nombres, como “socialista” y “liberal”, de modo de aclarar un poco el panorama y evitar confusiones.
Destacó el diálogo, la búsqueda y obtención de consensos muy amplios y el no tener una visión fundacional por parte de cada nuevo gobierno, como razones de los éxitos alcanzados. El diálogo les permitió alcanzar consensos extraordinarios e inimaginables para la introducción de reformas. Y esa visión no fundacional les permitió reconocer la parte buena de la herencia de la dictadura en materia de políticas públicas y no revertirlas sino profundizarlas. En este caso se refirió a la política de apertura comercial y a la reforma del sistema previsional. No lo dijo, pero siento que Velasco cree, como yo, que cada nuevo gobierno debe verse a sí mismo como un enano que se sube a los hombros de un gigante.
En materia de política comercial recibieron de la dictadura el arancel a la importación en el 10% y lo bajaron al 6%. Y luego de la apertura unilateral, procedieron a firmar 56 TLC con países que representan más del 90% del PIB mundial, destacando Velasco el firmado con los Estados Unidos.
En materia previsional, migraron desde el régimen de capitalización hacia uno como el uruguayo, con dos pilares, siendo el segundo el que implica una pensión básica servida por el Estado. También se mejoró la asistencia de salud, con un conjunto de riesgos cubiertos para toda la población pero donde aún hay colas para acceder al servicio. Y en materia fiscal, se introdujo la conocida regla contra cíclica que obliga al gobierno a ahorrar cuando se está en un nivel de actividad por encima del de la tendencia de largo plazo y cuando el precio del cobre está por encima del de largo plazo. Destacó Velasco que esa regla se aplicó inicialmente por la propia voluntad del gobierno y sin que una ley lo obligara. La regla se mantuvo vigente aún cuando había clara necesidad de realizar inversiones sociales pero se priorizó la vigencia de una institucionalidad fiscal firme, llegándose a registrar superávits fiscales de hasta 8% del PIB que permitieron abatir la deuda pública y crear un fondo considerable para usar en tiempos adversos. También puso el énfasis en la muy extendida presencia de capitales extranjeros en la provisión de casi todos los servicios públicos, lo que atribuyó a las certezas que se dan desde la política en cuanto a la continuidad de las reglas de juego.
Velasco dio luego su visión sobre América Latina, y además de reconocer avances con relación a nuestro pasado (menos inflación, mejor situación fiscal) fue muy crítico en tres aspectos claves: primero, los niveles de empleo formal en el continente son bajos y lo son especialmente en los sectores de menores ingresos, donde no hay tanto un problema con el nivel de los salarios sino con el acceso al empleo formal; segundo, la muy baja productividad en nuestros países, basado en un reciente informe del BID que prueba que en los últimos 50 años sólo Chile acortó la brecha de productividad con los Estados Unidos y lo hizo en apenas 18%; tercero, la falta de una verdadera integración entre nuestros países, como queda en evidencia en el caso de la energía. En este sentido destacó la falta de liderazgo de Brasil, el gran déficit del presidente Lula.
Creo que los períodos de auge como el que vivimos son las instancias óptimas a aprovechar para acortar las distancias con el pelotón principal al que se refiere Velasco. Es en esos períodos cuando se deben producir las reformas estructurales que permitan aumentar la productividad de países como los nuestros, para lo cual bastaría con replicar experiencias exitosas de otros. Que el auge de los commodities sirva para algo más que para pasar un buen rato y nos deje mejor parados para cuando haya pasado.
Por otra parte, la mejora en la productividad es la que sustenta que el país pueda ser más caro en forma permanente y no sólo mientras dure la burbuja que lo involucra. La mejora en la productividad es la que sostiene en definitiva una apreciación real de la moneda permanente y estructural de modo que no sea, al final del día, un período más de atraso cambiario que termine como siempre, con una crisis.
En Uruguay hemos hecho algunas cosas y se puede hablar de políticas de Estado. Todos los partidos han pasado por el gobierno y hay reglas esenciales que se mantienen. Es muy bueno ver a los cinco presidentes saliendo juntos y sonrientes en las fotos. Yo me siento orgulloso de ello como uruguayo, pero no alcanza.
Nos falta voluntad política para ir adelante. Como cuando Bachelet negó una transferencia de recursos para la enseñanza en la última campaña electoral. Como cuando los sucesivos presidentes de la Concertación decidieron ir adelante con el TLC con los Estados Unidos, aún cuando seguramente tendrían más de un Gargano entre sus filas. Como cuando el propio Velasco, respaldado por Bachelet, se negó a aumentar el presupuesto en 2006 a pesar del enorme superávit fiscal que tenía.
Nos falta más seriedad y menos frivolidad. En las dos puntas. Que los socialistas sean más modernos y los liberales más progresistas. Y que el Presidente no tenga que volver dentro de unos meses al Conrad a repetir lo obvio porque su orquesta desafina.
JAVIER DE HAEDO
Deuda: dos visiones equivocadas
Hay temas de la economía que se suelen tomar con parcialidad, en dos de las acepciones de esta palabra. Uno de esos temas es en nuestro país, y según mi punto de vista, el de la deuda pública. Dice el diccionario que uno de los significados de parcialidad es el “designio anticipado o prevención en favor o en contra de alguien o algo, que da como resultado la falta de neutralidad o insegura rectitud en el modo de juzgar o de proceder”. Es decir que con relación a un determinado tema, en este caso la deuda pública, hay quienes tienen preconceptos o prevenciones en un sentido o en otro, que les quitan neutralidad en el juicio. Otra de las acepciones de parcialidad consiste en la “unión de algunas personas que se confederan para un fin, separándose del común y formando cuerpo aparte”. La definición se aplica clarísimamente a las parcialidades deportivas, a las hinchadas en los estadios, pero también se aplica al caso que refiero hoy, dado que por momentos las posiciones expuestas parecen más propias de hinchadas que producto del necesariamente sereno análisis que el tema demanda. Hay un tercer significado de parcialidad que en mi opinión complementa y enriquece a los otros dos: dícese de “cada una de las agrupaciones en que se dividían o dividen los pueblos primitivos”. El carácter primitivo es relevante en este caso, ni qué hablar en el caso de las hinchadas deportivas en países como el nuestro donde la autoridad aún no ha sabido o querido poner coto a sus excesos, pero también en el caso del tratamiento de la deuda pública, ya que la ligereza en el análisis constituye un rasgo de aquel carácter.
En el caso de la deuda pública tenemos dos visiones parciales, representativas de las dos parcialidades que habitualmente se expresan sobre el tema. Una de ellas, integrada por opositores al gobierno, que sólo se fijan en la evolución de la deuda bruta, y que a partir de su crecimiento en los últimos años, objetivo e innegable, concluyen que la gestión del gobierno en este capítulo ha sido muy negativa. Incluso se han llegado a elaborar teorías (conspirativas, claro) que hablan de déficits ocultos o no develados, no reconocidos que explicarían, en última instancia, semejante evolución. La otra visión proviene de filas oficialistas, al menos de la parte del oficialismo afín a la política económica, que defiende la gestión en esta área poniendo el foco en la relación entre deuda y PIB, que en forma igualmente objetiva e innegable, ha venido mostrando una firme trayectoria descendente.
Como se puede ver, ambas visiones se apoyan en elementos ciertos y objetivos, que parecen reforzar sus respectivas tesis. Sin embargo, discrepan radicalmente sobre el mismo tema, y terminan colisionando de frente y a alta velocidad. Ambos tienen razón, ambos están equivocados.
¿Cómo es posible que ambas visiones estén equivocadas si presentan pruebas de su verosimilitud? Porque esas pruebas son parciales, sólo revelan parte de la verdad. Es cierto que la deuda pública bruta ha subido en los años de gobierno del Frente Amplio, y vaya si lo hizo: subió en US$ 8.569 millones en 2005-2009 y en otros US$ 1.294 millones en 2010. Casi 10 mil millones en seis años, desde algo más de 13 mil millones a algo más de 23 mil. También es cierto que la misma deuda pública bruta, expresada en términos del PIB, como porcentaje de éste, bajó desde el 97,3% en 2004 hasta el 69,9% en 2009 y todavía más el año pasado, hasta el 57,6% del producto. Es decir que en sólo seis años bajó nada menos que 40 puntos en relación al PIB.
O sea que el mismo concepto, deuda pública bruta, visto desde dos indicadores diferentes, da resultados absolutamente enfrentados. Los dos están bien, los dos están mal.
En el caso de la “visión opositora”, la simple lectura de la deuda bruta en dólares omite información valiosa: sus factores de variación. Uno de ellos, bastante obvio, el déficit fiscal en la parte que no es financiada con emisión de moneda nacional; otro, también fácil de entender, la acumulación de activos por parte del sector público, por ejemplo reservas internacionales; y el otro, entre los más relevantes, el efecto sobre la deuda expresada en dólares, de los cambios en las paridades o relaciones entre las diferentes monedas y el dólar. Este último caso es menos trivial, pero tan contundente como los anteriores y en los últimos años, de depreciación sistemática del dólar aquí y en el mundo, las deudas denominadas en otras monedas (euros, yenes y, muy especialmente, pesos uruguayos y unidades indexadas) subieron fuertemente al expresarse en dólares.
En columnas anteriores he explicado lo sucedido en el período anterior de gobierno, por lo que viene al caso ahora contarles lo ocurrido el año pasado, que sólo es más de lo mismo del quinquenio anterior. En 2010 la deuda pública bruta subió, como vimos, en US$ 1.294 millones. ¿Cómo se explica? Primero, hubo un déficit fiscal de 414 millones; segundo, hubo un impacto de la referida depreciación del dólar, que estimo en 291 millones de dólares; tercero, hubo una acumulación de activos externos (netos de las reducciones de encajes) por 505 millones. Sumando los tres rubros llegamos a 1.210 millones, una cifra muy próxima a la de aumento de la deuda. La diferencia se explica por el neto entre los aumentos de activos internos y emisión de moneda nacional. En definitiva, se aumentó la deuda en parte para acumular reservas y en parte para financiar el déficit fiscal, además del impacto de los cambios en las paridades.
Dicho sea de paso, como ya terminó el primer trimestre y sabemos cómo evolucionaron en él las monedas podemos estimar el efecto de los cambios en las paridades sobre la deuda bruta. Estimo en casi US$ 730 millones ese efecto en enero-marzo, lo que seguramente volverá a levantar polvareda cuando se conozcan las cifras de deuda al 31 de marzo, a finales de junio y nuevamente haya quienes pondrán el grito en el cielo alarmados (y sorprendidos) por la situación.
Sea también dicho de paso que ese efecto se debe principalmente a la creciente pesificación de nuestra deuda pública, la que se ubica ya en el orden del 45%. Este proceso, llevado adelante con inteligencia y aprovechando las oportunidades que los mercados nos han dado, ha restado vulnerabilidad a nuestras finanzas públicas, las que ya no temblarán ante una eventual devaluación de nuestra moneda. Como hemos visto muchas veces, se trata de un seguro ante esas eventualidades, cuyo precio se paga en tiempos como los actuales, de fortaleza de la moneda nacional.
Yendo ahora a la “versión oficialista” de la película, la fuerte caída de la deuda en términos del PIB también merece reparos como elemento central de análisis. Sin ir más lejos, la semana pasada vimos que si se considera el tipo de cambio real de largo plazo, nuestro PIB no es superior a US$ 40 mil millones sino que se ubica en el entorno de los 28 mil millones. Ni qué hablar si encima tomamos en cuenta el ciclo económico.
Sin ir más lejos, en 2010, el PIB real creció 8,5% pero en dólares subió 29%, debido a la fuerte caída del precio del dólar entre los promedios de 2009 y 2010, lo que ayudó a bajar fuertemente la relación entre la deuda bruta y el producto.
Pero la referida pesificación de nuestra deuda, implica que ahora no sólo haya que ajustar al PIB por el tipo de cambio real sino también a la deuda. Haciendo esto, y considerando la deuda neta de los activos externos sin contar los encajes, nos encontramos con que al fin de 2010 ella representaba el 46% del producto, cuando en 2004 alcanzaba al 72% del PIB. Se trata, sin dudas, de una muy buena evolución, no tanto como dicen los oficialistas, pero en absoluto negativa, como dicen los opositores.
JAVIER DE HAEDO
Reflexiones sobre la coyuntura
Quiero compartir hoy con los lectores de Economía & Mercado algunos conceptos a los que me referí en un panel realizado recientemente, que fuera convocado por la Asociación de Dirigentes de Marketing y en el que participé junto a mis apreciados amigos y colegas Isaac Alfie y Gabriel Oddone.
Conceptos que expuse a partir de la producción de algunos indicadores no convencionales o, al menos, de uso escaso o nulo en las presentaciones habituales de coyuntura. Indicadores que se pueden encontrar en el sitio web de ADM.
El primero de ellos, referido al ciclo económico. Del análisis de la evolución del PIB observado versus el de la tendencia de largo plazo, surge una brecha que es positiva cuando la economía tiene un nivel de actividad más allá del “normal” y que es negativa cuando ocurre lo contrario. Es positiva en los “boom” (como el actual, el de fines de los 70 y comienzos de los 80, y el de los 90) y negativa en las crisis (como las que siguieron a la ruptura de la “tablita” en noviembre de 1982 y la que se inició tras la devaluación de Brasil en 1999 y que se profundizó en 2002).
Es indudable que hoy estamos en la “cresta de la ola”, como lo estuvimos en las dos oportunidades referidas del pasado reciente. ¿Cuánto por encima del nivel normal de producción? Estimo esa brecha en el orden del 6%. Esto es importante en dos sentidos: uno, para ser concientes de que muchas de las cosas (buenas) que nos pasan se deben a una circunstancia excepcional (y con origen externo); dos, para prever que en algún momento esa situación cesará y pasaremos a estar en la opuesta, por debajo del nivel normal de actividad económica, dado que los ciclos económicos no han sido derogados por ley alguna ni podrían serlo.
El segundo indicador considerado es el resultado fiscal ajustado por varios factores, entre ellos y el principal, precisamente el ciclo económico. Parece claro que si la economía está por encima de su nivel normal o de tendencia, la recaudación de impuestos también habrá de estarlo. Y la “elasticidad” de producto a recaudación es por lo menos unitaria, es decir que por cada 1% que crece el PIB también crece en esa proporción la recaudación. De este modo se puede estimar cuántos ingresos “de más” estamos recaudando gracias a la coyuntura excepcional. Estimo para 2010 esa cifra en el orden de 1,6% del PIB, más de US$ 600 millones. Todo lo contrario, por ejemplo, a lo sucedido en 2004, cuando recién se salía de la crisis y la recaudación estaba, junto al producto, por debajo de su potencial. Es decir que en 2004 el déficit “corregido” o “ajustado” por el ciclo fue en realidad menor al observado mientras que el año pasado fue mayor.
Pero ese factor de ajuste no es el único a considerar. Hay otros, referidos a las principales empresas públicas, Ancap y UTE, que también deben ser tomados en cuenta. En el caso de UTE, sus finanzas han sido utilizadas (razonablemente, agrego) como amortiguador de las fuertes oscilaciones en la generación de electricidad a partir de agua. También en el caso de esa empresa hay un nivel “normal” de resultado financiero que en algunos años se desvía para un lado o para el otro. En 2006, 2008 y 2009 hubo una notoria falta de precipitaciones en las cuencas de los ríos Negro y Uruguay lo que dio lugar a menores magnitudes de generación de electricidad por medio de las represas. Eso repercutió fuertemente en las finanzas de UTE, máxime cuando en alguno de esos años, el precio del petróleo andaba por los cielos. Lo contrario ocurrió en 2010 cuando las finanzas de la empresa se pusieron en orden e incluso se pudo acumular un Fondo de Estabilización Energética para cuando vuelva a faltar el agua. Fondo que no es gasto sino reserva pero que se pasó a déficit. En el caso de Ancap, suelo ajustar los números fiscales por la variación del stock de petróleo, que tampoco es gasto corriente y por lo tanto no debería afectar al resultado fiscal.
Si se consideran todos los factores relevantes a los efectos de ajustar el resultado fiscal de 2010, nos encontramos con que del déficit observado, de 1,0% del producto, se pasa a un déficit bastante mayor, de 2,6% del PIB. La brecha entre ambas cifras se debe, en definitiva, al ajuste por el ciclo antes referido, en la medida en que los otros factores se compensan.
Si asumimos que con un nivel de actividad normal deberíamos tener equilibrio fiscal, con el actual nivel de actividad deberíamos tener un superávit de 1,6% del PIB. Mientras tanto, en realidad tenemos un déficit de 1% del producto y entonces estamos 2,6 puntos peor de lo que deberíamos. Este tipo de consideraciones es la que resulta relevante cuando se analiza la evolución de la deuda pública.
El tercer indicador que consideré se refiere a la tasa de interés real. Pero no la clásica, que consiste en restar a la tasa de interés en moneda nacional la inflación. Esa es la que considera el Copom del BCU cuando decide ajustar la tasa de política monetaria (TPM), o el del Banco Central de Brasil, cuando sube o baja la tasa Selic. Yo pienso que en el caso de nuestro país, donde cuatro quintos de los depósitos están denominados en dólares e incluso pensamos en esta moneda a la hora de referir precios de diversos bienes, la verdadera tasa de interés real es el promedio de la tasa en pesos menos la inflación y de la tasa en dólares más la devaluación y menos la inflación. Promedio que debe ser ponderado en función del peso relativo de una y otra moneda, de cuatro a uno a favor del dólar. Y cuando la TPM sube, la devaluación (o las expectativas sobre ella) baja o se vuelve negativa y entonces la verdadera tasa de interés real se vuelva aún más negativa que antes de la movida.
Es decir que al subir la TPM se espera que el dólar baje y quienes tienen dólares se apresurarán a gastarlos antes que valgan menos y quienes no los tienen pero ganan en pesos, se sentirán más “ricos” en términos de los bienes que se abaratan con el dólar más barato. Y así tenemos las ventas de autos, televisores y otros bienes durables por las nubes, y la recaudación de impuestos generada por ellas ídem. Acá está, sin dudas, parte de la recaudación “de más” a la que me referí hace algunos párrafos y que no es permanente sino transitoria.
Finalmente, expuse sobre otro indicador que suelo seguir con atención y es la evolución de los índices de precios en términos de dólares en la región (Brasil y Argentina) y en la extra región. La historia muestra (y hoy no es la excepción) que en el corto plazo siempre seguimos al barrio y que nos alejamos o acercamos de la extra región junto con nuestros vecinos (y que, cuando hay diferencias entre Argentina y Brasil, siempre nos pegamos al más caro). También muestra que tarde o temprano el barrio converge al resto del mundo. Así pasó en ocasión de cada una de las crisis que hemos tenido, siguiendo al ajuste de uno o los dos de nuestros vecinos.
Las cifras muestran, además, que la brecha entre los precios en dólares en la región y en la extra región es hoy máxima. Nunca antes estuvo el barrio tan caro en relación al resto del mundo. Siendo así las cosas, resulta importante saber si esta vez será permanente o si, como siempre antes, resultará transitorio. Hay quienes señalan que con los actuales precios de commodities, muy por encima de las veces anteriores en las que estuvimos más caros que la extra región, esta situación es sostenible. Sí, pero precisamente de eso se trata, ¿son sostenibles estos precios de commodities? En definitiva, lo que permitiría dar sustento a esta situación sería la realización de transformaciones estructurales en nuestros países, que dieran lugar a fuertes aumentos de productividad que hicieran viable estar más caros que antes. Transformaciones que si se han dado, lo han sido apenas en forma mínima, insuficiente.
Esta película ya la vimos.
JAVIER DE HAEDO
Por una verdadera independencia
En materia de política comercial, los acuerdos bilaterales y multilaterales deberían ser instrumentos para afectar o alterar el “orden natural”, en el sentido que le convenga al país. Si el orden natural implicara que una relación sea inevitable, el acuerdo podría lograr el propósito de canalizarla por el camino mejor o el menos malo. O bien, mediante acuerdos con terceros, podría procurar neutralizarla.
¿Cuál es el caso de Uruguay en el Mercosur? La geografía nos impuso dos vecinos (y sólo dos) que son relativamente muy grandes (Brasil ya lo es, además, en términos absolutos) y han sido históricamente inestables, más allá de períodos de mayor o menor estabilidad. Con esos vecinos se han sucedido acuerdos, primero bilaterales (el PEC con Brasil y el Cauce con Argentina, a mediados de los setenta) y luego multilaterales (el Mercosur, desde comienzos de los noventa) que han estrechado los vínculos que la proximidad geográfica (y el origen cultural común, con Argentina) ya había establecido.
¿Se trata, entonces, de uno de esos casos en que se busca canalizar una relación inevitable, minimizando el daño cuando no maximizando el beneficio? Si en un principio pudo ser así, resulta evidente que ya no lo es. Veinte años después, el Mercosur sigue siendo un modelo de sustitución de importaciones a escala regional, no ya nacional, que da lugar a más desvío que creación de comercio. La evolución de nuestras exportaciones a los dos vecinos está correlacionada estrechamente con la evolución de sus respectivos ingresos per cápita en dólares, casi igual que el turismo, que no está sujeto a reglas de intercambio. No es el acuerdo ni su evolución los que explican el comportamiento de nuestras exportaciones a Argentina y Brasil.
Esa sustitución de importaciones a escala regional se debe a que hemos bajado casi al mínimo las barreras al comercio entre nosotros (las formales, porque las otras dependen del humor de nuestros vecinos) mientras que hemos mantenido muy elevadas las barreras al ingreso de bienes desde fuera del ámbito del acuerdo. Imaginemos un barrio privado, sin muros ni divisiones notorias entre los predios de los vecinos, pero con un muro perimetral al barrio de considerable altura, defensas eléctricas y vigilancia. El tránsito dentro del barrio es fluido y los fondos de las casas de los vecinos se comunican. Pero es costoso ingresar desde fuera del barrio. El problema se da cuando los dos vecinos laterales a nuestra casa tienen conductas que afectan nuestra calidad de vida. La mejor solución es seguir viviendo allí y hablar con ellos para que cambien su conducta, pero eso no siempre da resultados. La única solución en esos casos es mudarse.
En materia de política comercial también es posible mudarse de barrio. No geográficamente, por cierto, pero sin dudas mediante la política comercial es posible hacerlo. Es cuestión de estrechar vínculos con otros países y bloques para lograrlo, mediante otros acuerdos que entonces neutralizarían al regional.
Por cierto que sería preferible, siguiendo con el ejemplo, hablar con los países vecinos y convenir ajustes al acuerdo, de modo que dependamos menos de ellos, sin dudas mediante una fuerte reducción de los aranceles externos comunes. Hoy el acuerdo implica que los productores del país A exportan al país B con privilegio frente a terceros países y los consumidores de B pagan más caro a A de lo que pagarían a otros. De este modo, los consumidores de B subsidian a los productores de A. Obviamente, la contrapartida de esto es que se da la recíproca entre los productores de B y los consumidores de A. Antes, con la vieja sustitución de importaciones a escala nacional, los consumidores subsidiaban a los productores en el mismo país; ahora, se da lo mismo entre países. Esto, que no es eficiente, encima estrecha aún más los vínculos con los vecinos enormes e inestables, o sea que profundiza la “región-dependencia”. Es decir que mediante los papeles hemos aumentado la dependencia regional en vez de procurar atenuarla o neutralizarla.
Pero ni Argentina ni Brasil aceptarán nunca una fuerte reducción de los aranceles externos al Mercosur porque son tradicionalmente proteccionistas, más allá de los gobiernos de turno. Siendo así las cosas, deberíamos buscar mudarnos. Y si bien es difícil que ellos lo acepten, al menos es un camino más potable que el de la reducción de aranceles. Mudarnos implicaría o bien bajar unilateralmente el arancel externo o bien realizar múltiples acuerdos comerciales con otros países y bloques del mundo.
Este era uno de los beneficios que nos hubiera dado la concreción de un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos como el que se planteó en el período de gobierno anterior y que abortó por falta de consenso en el partido gobernante.
Ahora resulta que aquel TLC también nos sería útil hoy para neutralizar la relación que de facto (de nuevo el “orden natural”) se ha venido estrechando con China, como Carlos Steneri demostró inteligentemente en su columna del pasado 14 de febrero en este suplemento.
Steneri muestra cómo se ha venido dando la relación entre China y Brasil, con el primero realizando considerables inversiones directas y con un intercambio que en esencia consiste en exportaciones de materias primas desde Brasil a China y de bienes finales en el sentido opuesto. Con China siendo el principal socio comercial de Brasil. La vieja relación, denostada, entre potencias centrales y pobres países periféricos, ahora se da entre pares, emergentes estrella, dos de los cuatro “BRICs”. ¿Qué podemos esperar sobre nosotros mismos si así son las cosas para Brasil?
Como bien expresa Steneri, China, “sin ningún tratado de libre comercio de por medio, ha generado efectos similares a los temidos por quienes se oponían a la concreción de un TLC con Estados Unidos. Hoy la región, por vía directa o indirecta, se especializa en la exportación de materias primas, en tanto importa masivamente bienes terminados de origen chino. De alguna forma, la realidad actual va rotando hacia una chino-dependencia que fue reforzada por la miopía política de auto-segregarse en la búsqueda de acuerdos comerciales de libre comercio con otros destinos importantes, en particular con Estados Unidos”.
Es decir que, en nuestro país, estamos entre dos dependencias relevantes: una, tradicional, con los vecinos, que nos hemos encargado de reforzar en los papeles en vez de canalizarla de modo que la dependencia natural se atenúe o neutralice en la medida de lo posible; otra, reciente y en proceso de acentuación, con China, respecto de la cual tenemos una actitud totalmente pasiva. Ahora bien, el remedio para ambas situaciones es el mismo, es el que conocemos desde siempre, el que la teoría económica recomienda, aunque resulte “políticamente complicado”, como toda decisión importante y digna de gobernantes con mayúscula: la apertura unilateral al mundo o, alternativamente, la construcción de múltiples vínculos que atenúen el impacto de los más dificultosos. Es momento de replantear el TLC con Estados Unidos y, al mismo tiempo, de plantear todos los TLCs que se pueda. Es la mejor contribución que los gobernantes de hoy pueden hacer por nuestra independencia en tiempos del bicentenario.
JAVIER DE HAEDO
Economistas alertan por inflación y piden señales claras al gobierno
Reformas. Ven clave implementarlas ante riesgos latentes en la economía
Analistas alertaron por la inflación fuera de control y pidieron que el gobierno dé señales de mayor compromiso para mitigarla. Divisan un 2011 auspicioso para la economía pero creen que no se hicieron reformas para capear riesgos latentes.
“La fiesta hay que aprovecharla, pero hay que evitar el exceso de alcohol porque después hay que manejar”, dijo ayer el economista Isaac Alfie en un desayuno de trabajo organizado por la Asociación de Dirigentes de Marketing (ADM). La metáfora con la que el ex ministro de Economía comenzó su alocución estuvo en sintonía con la visión de los economistas con quienes compartió el panel, Javier de Haedo y Gabriel Oddone.
Por su parte, ayer al disertar en Colonia ante un grupo de empresarios argentinos y uruguayos, el ministro de Economía, Fernando Lorenzo, hizo hincapié en que “es muy importante el valor de asegurar la estabilidad de precios y el compromiso con la estabilidad de precios”.
También evaluó como “muy importante” que “cada vez que la inflación apenas se mueva del rango objetivo haya” señales de “alerta” y “preocupación de la población”.
Consultado por El País respecto a posibles medidas fiscales para contener el alza de precios, Lorenzo respondió que se esta “trabajando” pero que no hay aún “anuncios” para hacer.
El contexto de precios elevados de los commodities le es muy favorable al país por ser exportador de esos bienes, pero como contracara (y porque es importador de petróleo) genera uno de los problemas centrales que ayer estuvo sobre la mesa: la persistente inflación, que en el caso de Uruguay se aleja cada vez más del rango meta que el gobierno fijó para este año (entre 4% y 6%). Los analistas consultados por el Banco Central ubicaron este mes a la inflación esperada para 2011 en 7,3%.
“No tenemos un rango meta a esta altura, sino un compromiso sobre el techo del rango”, dijo Oddone, socio de CPA/Ferrere, al criticar que la política monetaria local nunca apunta al centro de la banda. Su exposición se tituló “Sin lugar para señales débiles” y advirtió que las proyecciones de la consultora ubican a la inflación anualizada cercana a 9% en el segundo trimestre del año. Aseveró que “la situación de precios no resiste un shock adicional”.
Esa frase está enmarcada en el potencial aumento del precio del petróleo, que ya subió por el conflicto en los países árabes. Con el impacto del terremoto en Japón sobre las centrales nucleares, se teme que se abandone esa energía y se demande más petróleo, elevando su precio, esbozaron los economistas.
En tanto, De Haedo advirtió que en febrero Uruguay alcanzó una brecha récord de precios con respecto al resto del mundo, por tanto, “cabe preguntarse si esto es sostenible”, dijo.
Otra preocupación planteada es el crecimiento sistemático de la demanda, que presiona los precios al alza. Por esa razón, Oddone dijo que recurrir a medidas fiscales sería mucho menos efectivo que en el pasado (ver documental).
Si bien dijo que hay margen para subsidios con algunas medidas, afirmó que eso “nos salva en el corto plazo”, pero que la economía está empezando a sobrecalentarse y “necesita una política fiscal contracíclica”.
Además, advirtió sobre el riesgo de que la inflación se retroalimente con mayores expectativas (ya que se consume más cuando se espera que los precios suban en el futuro). “Se necesitan señales claras y un compromiso sostenido con alguna variable que ayude a anclar las expectativas de inflación”, concluyó el analista. No obstante, dijo que el gobierno no está en el mejor momento para transmitir esa señal por sus diferencias internas.
Alfie también sostuvo que en los últimos tiempos “el consumo tuvo una disparada” que, sumado a una temporada turística excepcional y un dólar muy barato generan una “sensación de bienestar”. Consideró que en Uruguay no se hizo el cambio estructural necesario para sostener la bonanza actual y dijo que “la fuerza de los precios internacionales es tan grande” que oculta cuando los países “hacen las cosas mal”. Ejemplificó con Venezuela y Argentina.
VULNERABILIDAD. “El aumento del precio de los commodities sería positivo si hubiésemos hecho cambios estructurales para sostener un dólar bajo”, sostuvo De Haedo. Una de sus principales críticas fue que el gobierno no aprovechó los años de bonanza para recomponer las cuentas públicas. Dijo que si se ajusta al ciclo de la economía y se normaliza el déficit fiscal de 2010 (1,2% del Producto Interno Bruto) sería de 2,6% real. “Es insólito que en la cresta de la ola estemos en esta situación en vez de aprender del pasado y ahorrar en tiempos de las vacas gordas”, concluyó.
También hizo algunas advertencias. “Estamos teniendo una recaudación espectacular pero no es permanente”, dijo. Se refirió a los ingresos que aporta la compra de bienes duraderos que realizan los consumidores aprovechando el dólar bajo. “El año pasado se vendieron 44.000 autos. Eso generó US$ 470 millones de impuestos. Cuando se vuelvan a vender 15.000 por año en un tiempo se van a perder US$ 200 millones o US$ 300 millones en ingresos por impuestos. Cuando todo el mundo haya cambiado el televisor, la heladera y el auto no va a seguir comprando”, advirtió.
Contener la inflación compromete la competitividad, ya que requiere un sacrificio en el tipo de cambio. Oddone dijo que el gobierno deja que el dólar siga la misma tendencia que en Brasil. De Haedo, agregó que los términos de intercambio “estarían bien” con Brasil con un dólar de $ 16, con Argentina a $ 23 y con la extrarregión a $ 29. “Estamos casados con Brasil, obvio. Siempre hacemos la ley del menor esfuerzo, tratamos de salvar raspando y donde faltemos o tengamos un problema perdemos el examen”, concluyó De Haedo.
El economista dijo que esa decisión potencia la dependencia del Mercosur de la que Uruguay se había despegado en los últimos años. “Nos hace más vulnerables”, afirmó. Su opinión fue compartida por Alfie, quien señaló que la participación del bloque en el comercio exterior uruguayo está en máximos “desde 2002 o 2003″. También criticó que las exportaciones han caído en términos de Producto y se han primarizado.
PROPONEN menú de opciones
Los economistas coincidieron en que subir la tasa de política monetaria del Banco Central contribuiría a bajar algún punto de inflación pero que es una medida “de emergencia” y no de largo plazo. Por eso, uno de los puntos en los que coincidieron fue en que exonerar de Imesi a los combustibles podría ser una opción. Gabriel Oddone dijo que esa medida lograría bajar un punto la inflación y supondría una renuncia fiscal de 0,8%. Además, los expertos insistieron en que un superávit fiscal ayudará a limitar la demanda en 2012 (Javier de Haedo dijo que debería ser de 1,5% del PIB). En tanto, Isaac Alfie opinó que se debe abandonar la indexación de los salarios.
Piden apuntar más a educación y menos a bajar alícuota de IVA
Durante su disertación en el Club de Golf, los economistas dijeron que el gobierno no debería hacer cambios al sistema tributario y criticaron la falta de avances en materia educativa, que consideran un mejor instrumento para asegurar la redistribución del ingreso y la equidad.
Isaac Alfie dijo que la base para la redistribución en el largo plazo es la educación y que se debe apuntar a que los jóvenes “no abandonen el liceo porque sienten que no les aporta nada”, convirtiéndose en “analfabetos funcionales”. Dijo que no ve que se haya encontrado aún una solución de largo plazo. Sobre la discusión en torno a rebajar dos puntos el Impuesto al Valor Agregado (IVA) dijo no comprender algunas propuestas por su “extravagancia”.
El economista Gabriel Oddone, en tanto, dijo que existe “un enorme problema” en materia de capital humano, ya que se perdió competitividad en los últimos 20 años. Dijo que el país está “lejos de solucionar” ese problema ya que aún “no tenemos la más mínima idea de cómo atacar el problema”.
Por su parte, Javier de Haedo dijo que la discusión sobre el IVA le parece “insólita” y dijo no entender ese “afán redistributivista” del gobierno. “Bajar el IVA en un momento de boom de consumo es un contrasentido. Lo ideal sería bajar el Imesi a los combustibles que es un cambio estructural que va en beneficio de la producción”, dijo. Agregó que las reformas tributarias no se hacen todos los días y que si se está planteando hacer una “o fue mal hecha la de 2007 o cambiaron las fuerzas de poder en el gobierno”.
Los economistas coincidieron en que el debate interno que el gobierno está haciendo de forma pública genera “ruido” y que se debería apostar más a mejorar la eficiencia del gasto público.
Fuente: El país
De Haedo advirtió debilidades en la economía uruguaya ante un posible cambio de escenario
Pese a que la economía uruguaya se encuentra en franco crecimiento, el economista Javier de Haedo consideró que se está “un poco más cerca de que la burbuja se pinche”. Entrevistado por En Perspectiva, puntualizó: “No hay una burbuja uruguaya, Uruguay es parte de un fenómeno como Estado asociado macroeconómicamente a Brasil. Vamos a seguir la suerte de Brasil, para bien o para mal”. En ese sentido, lamentó que el Gobierno decida “pegarse” al vecino norteño “haciendo lo fácil, que es bajar el tipo de cambio”, sin realizar “los ajustes fiscales que habría que hacer”. El dirigente nacionalista agregó: “Esto va a pasar cuando las economías avanzadas se reactiven y con un riesgo de inflación empiecen a subir las tasas de interés. Allí va a ser el momento en que se dé vuelta esto”. Según De Haedo, las debilidades del país están en el frente fiscal y en el laboral: “Hoy estamos en la cresta de la ola y tenemos déficit fiscal. Deberíamos estar con un superávit fiscal considerable. [Por otro lado], tenemos una rigidez del mercado de trabajo que no teníamos. Si no se flexibiliza el salario en ese momento, va a haber más desempleo.
EMILIANO COTELO:
La economía uruguaya pasa por un momento de crecimiento excepcional gracias, entre otras cosas, a precios altísimos de las materias primas y tasas de interés internacionales bajas o nulas, según reconocen el Fondo Monetario Internacional (FMI) y varios analistas locales.
Sin embargo, también hay advertencias. “El panorama es claro: seguiremos creciendo y encareciéndonos en dólares en un mundo y una región que son propicios a esos efectos. O sea, un poco más de burbuja. Un poco más cerca de que se pinche. ¿Cuándo? Nadie lo sabe y ninguna proyección se lo va a contar”, decía el economista Javier de Haedo en su columna de la semana pasada en el suplemento Economía y Mercado del diario El País.
¿Qué problemas traería ese pinchazo en la burbuja? ¿Hasta cuándo podrá seguir el viento de cola que tiene la economía uruguaya? ¿Qué tan preparados estamos para cuando termine ese viento?
Para hablar de este y otros temas, hemos invitado al economista Javier de Haedo, quien fue director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y subsecretario de Economía. Tiene 49 años, y hoy es senador suplente en Alianza Nacional, Partido Nacional.
¿A qué se refiere cuando dice que Uruguay está inmerso en una “burbuja” que en algún momento se va a pinchar? ¿Cuál es la burbuja?
JAVIER DE HAEDO:
En el mundo se van sucediendo burbujas permanentemente. Podemos recordar sin ir muy lejos las punto.com hace algo más de 10 años, más recientemente los créditos hipotecarios de segundo nivel, el subprime, en Estados Unidos y en los países europeos. En algún momento, cuando eso explotó, a mitad de 2007, toda esa liquidez que daban los Gobiernos de las economías avanzadas más que ir a reactivar la economía fueron nuevamente a especular y a crear una nueva burbuja, que eran las commodities y las bolsas de las economías emergentes más prolijas, típicamente Brasil, y esa burbuja explotó en julio de 2008. Pero rápidamente el mundo se acomodó, pasó el temor, en el primer trimestre de 2009 empezó la misma carrera y hoy estamos con precios de materias primas, salvo en el caso del petróleo, que están muy por debajo del máximo anterior, igual o por arriba, el promedio de las commodities no fuel (no petroleras) está por arriba del de julio de 2008.
La burbuja que veo hoy son commodities y emergentes prolijas, típicamente Brasil. Brasil está recibiendo inversión directa, pero mucho más inversión financiera especulativa de corto plazo o con tasas de interés locales muy altas. La bolsa, sin embargo, no está en los niveles mayores que alcanzó a mitad de 2008, pero de todos modos la bolsa en dólares está en un nivel de capitalización muy alto, el dólar, de vuelta, no llegó a 1,55 pero está pegando en el palo, anda por ahí. Estamos en eso, y Uruguay está pegado a Brasil.
EC – ¿La burbuja es exterior, o hay una burbuja uruguaya?
J de H – No hay una burbuja uruguaya, Uruguay es parte de un fenómeno como economía emergente prolija, Estado asociado macroeconómicamente a Brasil, de acuerdo con una definición de política económica muy evidente, y vamos a seguir la suerte de Brasil, para bien o para mal.
EC – ¿Estado asociado macroeconómicamente?
J de H – Desde el punto de vista económico somos un Estado asociado a Brasil. Es casi tan relevante ver qué hace el ministro de Economía de Uruguay como el de Brasil, o el presidente del Banco Central del Uruguay (BCU) como el de Brasil. Somos desde hace décadas una provincia desde el punto de vista macroeconómico de la región, en este caso casados con el más caro del barrio. Como en los noventa, cuando se descolgó Brasil quedamos colgados del pincel de Argentina. Es la ley del menor esfuerzo, siempre nos pegamos al más caro, porque es el que implica hacer el menor esfuerzo interno. Hoy nos pegamos a Brasil y ni siquiera hacemos todo lo que Brasil hace, hacemos la parte fácil, que es bajar el tipo de cambio subiendo la tasa del BCU, pero no hacemos los ajustes fiscales que habría que hacer.
EC – Brasil acaba de encarar un reajuste importante de su presupuesto.
J de H – Claro, entonces decimos que hacemos lo de Brasil, pero hacemos la parte fácil, que es bajar el dólar. Un dólar bajo es como la pasta base de la economía, uno tiene la sensación de que está todo fenómeno pero siempre tiene que tener dosis mayores, el “deme dos” de los ochenta, de Arismendi y [José Alfredo] Martínez de Hoz, después la tablita que se rompe, después el “uno a uno” de [Domingo] Cavallo insostenible y nosotros pegados a él, y ahora esto.
EC – ¿Cómo es eso de que el dólar es la pasta base de la economía?
J de H – El dólar bajo es la pasta base.
EC – ¿Por qué? Al revés, ¿no hay preocupación también, en varios sectores de la economía uruguaya por ese dólar bajo? Pienso en los sectores vinculados a la exportación no ligados estrictamente a materias primas.
J de H – El tema es que desde el punto de vista del Gobierno es lo más fácil, lo más cómodo, desde el punto de vista fiscal es mejor para el Gobierno, hay más gasto en consumo, especialmente en bienes durables, que pagan muchos impuestos; los intereses de la deuda pública pesan menos.
JUAN ANDRÉS ELHORDOY:
Usted advierte que al Estado uruguayo le sirve un dólar bajo.
J de H – Es funcional. No es que lo hagan porque les sirva, no manejo una teoría conspirativa, no me gustan las teorías conspirativas, pero de paso no viene mal. El año pasado se vendieron 44.000 autos, que según la prensa del verano significaron ventas por 940 millones de dólares, de los cuales el 50 %, es decir, 470 millones, fue impuestos. El presupuesto está hecho sobre ese tipo de bases, de que esto se va a mantener siempre.
EC – Al Gobierno le interesa captar inversiones del exterior, ahora mismo el presidente de la República está en Brasil a esos efectos, y se hacen esfuerzos en distintos lugares por eso mismo. ¿Con estos niveles de tipo de cambio, y por lo tanto de la competitividad, vamos a poder seguir captando inversiones?, ¿va a ser rentables una serie de negocios que pretendemos que se instalen en Uruguay?
J de H – No en vano está en Brasil, que es el país más caro del mundo; estamos pegados a ellos. Seguramente no va a Estados Unidos a buscar inversores, porque hoy día es más barato un apartamento en Miami que en la rambla de Pocitos, entonces el lugar para ir a buscar inversiones es el país más caro del mundo.
JAE – Por otra parte, parece lógico que Uruguay quiera venderle al país más caro, porque es el país que paga mejor.
J de H – Sí, pero también es lógico saber que si uno concentra el portafolio en el más caro queda pegado a la suerte de él.
JAE – A nivel empresarial, si Cotelo paga 100 y Elhordoy 80, usted le va a vender a Cotelo.
J de H – Sí, pero por lo general el empresario no es tan cortoplacista, hay que pensar en el largo plazo también. Eso fue lo que pasó con la carne y Rusia antes de 2008, se casaron con Rusia porque era la que pagaba más, entonces el productor demandaba un precio más alto, y la forma de pagarle era casándose con una Rusia que no respetó los contratos. Si yo soy empresario prefiero ver quién me asegura las reglas de juego, qué contraparte, qué cliente me asegura que va a ser cliente en las verdes y en las maduras. No es solamente un oportunismo empresarial, no creo que sea ese el perfil típico del empresario.
EC – ¿Qué factores harían pinchar esa burbuja?
J de H – A nivel global, o una muy mala noticia o un derrape serio de alguna economía relevante, pero da la impresión de que por ahí no viene, porque a las que han derrapado Europa las ha bancado como bloque. Y noticias como lo de Libia, el norte de África, Oriente Medio no tienen la magnitud como para generar eso.
JAE – ¿Y lo de Japón?
J de H – Lo de Japón, en lo que a nosotros respecta, ha bajado el precio del petróleo significativamente, también han retrocedido un poquito los commodities en los petroleros. Hay que ver qué impacto tiene en China, pero no lo veo por ahí. Creo que esto va a pasar cuando las economías avanzadas se reactiven y con un riesgo de inflación empiecen a subir las tasas de interés. Allí va a ser el momento en que se dé vuelta esto.
EC – Usted no lo está viendo siquiera como un pinchazo, en todo caso como un desinfle de la burbuja que ocurriría gradualmente, no ya.
J de H – No ya, pero nadie tiene la bola de cristal.
EC – ¿Puede pincharse, puede haber un estallido de la burbuja?
J de H – ¿Qué es un pinchazo? Puede darse en semanas. Tenemos una experiencia muy cercana y muy buena, de julio a diciembre de 2008 cambió el humor del mundo, hubo un flight to quality, un vuelo hacia la calidad, como está pasando hoy con los treasuries americanos, pasó en ese momento que el dólar se volvió refugio, los títulos estadounidenses también, y todos los demás activos perdieron valor. En Uruguay el dólar pasó de 19,40 a 24,50 en cinco meses, en Brasil de 1,55 a 2,55, y el euro bajó de 1,57 a 1,24 en el mismo período. Ahí viene el cambio de portafolio, los especuladores tienen eso, son estabilizadores y anticipan los fenómenos. Entonces, cuando se perciba que hay un cambio que va a ser permanente, se va a anticipar, se va a descontar.
JAE – Me quedé pensando en el concepto de burbuja aplicado a Uruguay, fundamentalmente al consumo, porque hay quienes dicen que el consumo se está comportando en forma mucho más expansiva que la propia economía y que por allí puede generarse algún problema. ¿Cómo ve este asunto de que el consumo esté creciendo más que el producto general?
J de H – Lo vamos a tener en pocos días cuando se conozcan las cuentas nacionales. Hasta setiembre pasaba algo de eso, pero estamos hablando de 9,6 y 8,4, volando tanto el consumo como el producto, más/menos 1 % no es un tema tan relevante. De hecho, si uno ve el ahorro neto privado, no está en niveles malos, hasta fines del año pasado estaba por arriba del 0. Lo que está habiendo es un aumento muy grande del ingreso que se está gastando, hay un efecto riqueza que genera nuevamente el dólar bajo.
Yo hice unas cuentas hace unos meses que publiqué en mis artículos: si uno agarra de la canasta del IPC los rubros importados típicos (automóviles, televisor, microondas, lavarropa, heladera, teléfonos, etc.) y ve el precio dividido por el IPC promedio, y a su vez que el IPC en dólares ha subido muchísimo, se encuentra con que, en términos del sueldo –y de sueldos en dólares mucho más, porque subió en términos reales–, si antes la persona necesitaba tres meses para comprar un lavarropa ahora lo compra en un mes, si antes necesitaba dos años para comprar un auto ahora lo compra en ocho meses. Todo es así, esos precios se han abaratado relativamente.
Entonces, ¿cuál es la alternativa?, ¿tener dólares en el banco como tiene el 80 %, que cada vez valen menos, a una tasa de interés muy baja? Esos dólares dan una tasa negativa en el año, con una devaluación que es negativa más la inflación, entonces se anticipa el consumo. Y el que no tiene ahorro en dólares pero gana en pesos cada vez gana más dólares y son más baratos los telefonitos, los televisores, toda esa fiebre de consumo, que es consumismo, porque es enfermizo, cada vez se gasta más de eso. Son bienes intensivos en impuestos, se hace un presupuesto pensando que eso va a ser permanente, y en la mitad del camino puede resultar que la gente ya no compra 44.000 autos por año sino 5.000 o 10.000. ¿Qué pasa ahí con las finanzas públicas?
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EC – “De Haedo está deseando que las cosas vayan mal”, dice un oyente. Guillermo dice: “¿Cómo se pide a 800 millones de chinos que dejen de comer para que se pinche la burbuja del precio de los alimentos?”.
J de H – Son dos cosas distintas. Primero, no estoy deseando que las cosas vayan mal, yo tengo mi vida en mi país, soy la octava generación, mi familia está desde antes de que el país existiera, o sea que no le permito a nadie que diga ese tipo de tontería.
Lo que dice el otro oyente está muy bien, nos lleva al centro de la discusión, si el tema es transitorio o permanente.
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EC – Quedaba desarrollar el análisis de si la burbuja de los commodities es algo coyuntural o permanente.
J de H – Un oyente mandaba un mensaje en ese sentido, y yo comparto lo que dice. Lo que es permanente no es burbuja, lo que es burbuja es lo coyuntural; lo que es real no es burbuja, lo que es burbuja en general es lo de origen financiero, especulativo, de corto plazo. El hecho de que cada año entren 10 o 15 millones de chinos a vestirse, a comer y a vivir en casas como las que nosotros conocemos es permanente, es estructural, salvo que haya una catástrofe, una implosión en China de origen político. Pero no voy a ponerme a hablar de eso, sería para hablar horas y no sería yo la persona indicada para hacerlo, no hago más que repetir cosas que puedo haber leído. Pero sí, asumiendo que China se va a mantener, China tiene un crecimiento del 8, 9 % que es autónomo, independiente de lo que pase fuera, es permanente. Pero eso lo decíamos también muchos economistas en el 2008, antes de que se pinchara esa burbuja de commodities y emergentes, cuánto es permanente y cuánto es transitorio.
Creo que hoy hay una parte importante que es permanente, por eso creo que los precios de los bienes que Uruguay produce no van a volver a ser los que fueron hace cinco o seis años, van a quedar en algún punto intermedio entre aquellos previos a esta crecida fuerte de los últimos años y el nivel actual en las nubes. Esencialmente hay mucho que es permanente, no es burbuja. Lo transitorio es lo otro, cuando se pasa a invertir en un fondo de commodities, vender a futuro y especular con la subida del precio, o cuando se empieza a especular en economías emergentes que dan tasas de interés muy atractivas para los inversores de corto plazo que en sus países de origen tienen tasas insignificantes, casi nulas, entonces vienen a Brasil a colocarse al 11,25 en la tasa Selic, por ejemplo.
EC – Dice Heber: “No creo que el análisis de De Haedo implique que está deseando que las cosas vayan mal, solo que en las economías es harto conocido que existen los ciclos, los ciclos alcistas y luego las caídas. No se ha encontrado aún la forma de hacer ir a la economía en un solo sentido. Creo que es la propia actividad humana que genera esos ciclos, el propio hombre con sus altas y sus bajas”.
J de H – Comparto, es absolutamente así. Yo lo digo un poco más expresivamente en algunos de mis artículos, los ciclos económicos no se han derogado, y las crisis tampoco. Yo ayer veía en una gráfica que construí a partir de algunas series de tipo de cambio real los precios en la región versus los precios en la extrarregión, y estamos en un punto históricamente récord de divorcio entre el barrio y el resto del mundo, el barrio y el no barrio. Estamos con el barrio en las nubes de costos, y esto no es permanente, salvo que el barrio, con Brasil a la cabeza, hubiera hecho transformaciones estructurales –porque vamos a no hablar solamente de especulación financiera– que lo hicieran sostenible. Es lo mismo que discutíamos hace 20 años con el Plan Cavallo. ¿Por qué se cayó el uno a uno en la Argentina? ¿Porque a alguien se le ocurrió? Se cayó porque no se hizo el sustento, los pilares permanentes y sustentables del uno a uno.
EC – ¿Y en particular en Uruguay?
J de H – En Uruguay nos pegamos al más caro y le echamos la culpa cuando devalúe y devaluamos nosotros. Ya está, no importa, lo que es importante para nosotros es qué hacen Argentina y Brasil.
EC – ¿Existe el riesgo de que Brasil devalúe? ¿Cómo lo ve?
J de H – Claro que existe.
EC – Pero ¿existe a corto plazo?
J de H – Si supiera eso no estaría acá, estaría trabajando en algún fondo de inversiones. Nadie lo sabe.
EC – Volviendo a lo que queda por hacer…
J de H – …Pero no quiero eludir la respuesta, creo que Brasil no hizo los fundamentos estructurales como para tener un dólar a 1,70, 1,80, 1,90, ni a 2.
JAE – ¿Este recorte presupuestal de 30.000 millones de dólares no es una modificación importante, sólida?
J de H – Es una buena señal que sirve para transitar estos tiempos.
JAE – ¿No es estructural, no es parte de una madurez política, de política económica, hacer una reducción para atacar por ejemplo el problema de la inflación?
J de H – Sí, pero no va a hacer que las cosas cambien sustancialmente el día que los vientos cambien en el mundo. Brasil lo va a sentir igual, tiene un nivel de déficit bastante complicado.
EC – De Uruguay usted dice que se ha venido preparando en parte bien y en parte mal para un posible cambio de escenario internacional.
J de H – Punteemos eso, y empiezo por lo que se hizo bien. No me canso de elogiar –y en esto soy bastante solo entre los economistas que no somos del Frente Amplio (FA)– la política de deuda del FA en los dos Gobiernos. Se ha pesificado ya el 40 % de la deuda pública bruta, eso le resta vulnerabilidad a nuestra economía, a nuestro sector fiscal, porque antes había una devaluación y la deuda sobre producto volaba, porque la deuda estaba en dólares y el producto en pesos, o mayoritariamente en pesos. Hoy se está convergiendo a lo que debería ser el objetivo –y creo que lo es– del Ministerio de Economía, que el numerador y el denominador tengan la misma estructura, es decir, dos tercios no transable, un tercio transable, dos tercios moneda nacional, un tercio moneda extranjera. Estamos en ese camino, el mundo ha ayudado y lo han hecho muy inteligentemente. O sea que se ha pesificado una parte importante de la deuda pública. En el corto plazo es un poco más cara, pero yo les pregunto a los oyentes si alguno se lamenta porque no chocó el auto y tuvo que pagar el seguro. Es eso, la gente no piensa en esos términos, piensa “choqué, tengo el seguro, menos mal que lo tenía”.
EC – Acá estamos adquiriendo un seguro.
J de H – Estamos comprando un seguro, y las veces que, como en el segundo semestre del 2008 o en el segundo trimestre del 2010, el dólar tuvo un salto brusco la deuda como porcentaje del producto reaccionó muy bien, cuando en otras épocas temblábamos por la situación fiscal, el riesgo de un default, etcétera. Entonces, se hizo muy bien, se reperfiló muy bien la deuda, se estiró a largo plazo, hemos colocado deuda en moneda nacional a 30 años de plazo, vencimiento 2037, cosas inimaginables en el pasado no tan lejano. Eso es muy importante.
Incluso ha habido una desdolarización a nivel privado, el crédito hoy no está dolarizado como estaba antes de la crisis de 2002. Hoy una devaluación en el Uruguay no tendría las consecuencias redistributivas que tenía antes, estamos mucho mejor parados frente a un cambio de escenario externo, y lo probamos de vuelta en el segundo semestre de 2008, cuando no se cayó ninguna estantería aunque el dólar subió 25 % en semanas. Estamos mucho mejor preparados, eso es muy bueno, y no me canso de elogiar a quienes encabezaron este proceso.
EC – De la audiencia, Carlos dice: “Haber cancelado la deuda con el FMI ¿no será un cambio estructural importante en el barrio?”.
J de H – Fue una muy buena decisión del Gobierno de Vázquez, que yo elogié en su momento, porque era cancelar la deuda de corto plazo que nos imponía condiciones y además en moneda extranjera, canasta de monedas fuertes, derecho especial de giro (DEG), y se sustituyó por deuda de muy largo plazo, sin condiciones y básicamente en moneda nacional.
EC – ¿Qué más se hizo bien y dónde están los debes?
J de H – Podría hacer una lista de muchas cosas que se hicieron bien y muchas cosas que se hicieron mal, pero en principio de lo bueno destaco eso, y de lo malo destaco el frente fiscal. Hoy estamos en la cresta de la ola y tenemos déficit fiscal, y si uno se encuentra con que hay cosas como la que yo le señalaba en el bloque anterior, que se están vendiendo muchos autos, 750.000 televisores en cada uno de los últimos dos años, ¿cuántos impuestos incluidos hay en esos bienes de consumo durables, intensivos en impuestos, aranceles de importación, porque en general vienen de extrazona? Deberíamos estar con un superávit fiscal considerable. Yo tengo alguna estimación: si ajustamos la recaudación por el ciclo económico en realidad no tenemos un déficit de 1 sino de 2,5 del producto.
EC – ¿Qué quiere decir eso?
J de H – Quiere decir que si normalizamos el producto, si estuviéramos en un nivel de crecimiento normal de la economía y un nivel de producto normal de la economía y no por arriba, en la cresta de la ola, tendríamos menos impuestos y más déficit fiscal.
JAE – ¿Cuánto es un crecimiento normal en su cálculo?
J de H – Es un crecimiento de entre 4 y 5 %. Creo que la tasa de crecimiento de largo plazo de Uruguay está entre 4 y 5 %.
JAE – Es el porcentaje que maneja para este período.
J de H – Pero ya el primer año del período se fue al doble de eso, lo vamos a saber en estos días. Y para este segundo año las estimaciones están un 50 % arriba de ese número también. Cuando llega la instancia presupuestal se llama espacio fiscal adicional y se lo gasta, en vez de ahorrarlo para cuando la situación se dé vuelta, porque algún día se va a dar vuelta. El frente fiscal es uno de los debes, y la regla salarial. Porque una de las cosas que el Gobierno dice, y tiene razón –[Mario] Bergara lo ha dicho, Fernando [Lorenzo] también–, es que a la próxima crisis no vamos a llegar con una rigidez cambiaria, no llegamos ni con una tablita, ni con una banda de flotación. Son rigideces, pero yo no le echo tanto la culpa al instrumento, sino al instrumentista que fue rígido y en su momento no cambió como debía cambiar.
EC – Esa rigidez no existe.
J de H – No existe, pero tenemos una rigidez del mercado de trabajo que no teníamos en aquellas crisis. Vamos a llegar a la próxima crisis con otra rigidez, ahí vamos a ver la experticia, la capacidad de los gestores, de las tres patas de la mesa, empresarios, trabajadores y Gobierno, para lidiar con ese lío.
EC – ¿Cómo se hace para flexibilizar los acuerdos alcanzados en los consejos de salarios cuando la burbuja se pinche?
J de H – Si no se flexibiliza el precio se va a ajustar por cantidad, si no se flexibiliza el salario en ese momento va a haber más desempleo.
JAE – ¿Dónde está la rigidez? Porque en el 2001, cuando había un nivel salarial parecido a este…
J de H – …No es un tema de nivel, es un tema de regla de ajuste. En aquel momento el salario real bajó un 25 %.
JAE – Porque producto de la crisis se fueron dando acuerdos por diferentes mecanismos que habilitaron el descenso salarial.
J de H – ¿Qué acuerdo? Eso se llama inflación, la inflación fue de 26 % ese año, y los ajustes salariales no se dieron, los salarios bajaron en términos reales, de otro modo el desempleo en vez de 18 habría sido 25.
JAE – Está bien, pero ahí se hizo un ajuste, en definitiva hubo la aceptación de un contratado para seguir trabajando pese a que no tuvo ajustes.
J de H – Pero no había consejos de salarios.
JAE – Por eso, ¿dónde está el factor rigidez?
J de H – En la institución, como antes había instituciones cambiarias y monetarias rígidas y ahora no las hay, ahora hay instituciones salariales y laborales rígidas que no había en aquel momento.
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EC – La audiencia está muy interesada en sus análisis y sus opiniones, hay mucho movimiento con mensajes y preguntas.
En definitiva, para usted los dos frentes más delicados que tenemos a la hora de enfrentar el pinchazo de la burbuja son el fiscal y el de las relaciones laborales y los acuerdos en los consejos de salarios. Si para usted lo que hay que hacer es prepararse para cuando se pinche la burbuja o empiece a desinflarse, que todavía no sabemos cuándo será, ¿qué habría que ir haciendo ahora? Usted ya diagnosticó, en su opinión, dónde están los puntos débiles; ¿cómo hay que atacarlos?
J de H – Hay que atacarlos por un lado en materia del mercado laboral estableciendo en los convenios que se vayan firmando cláusulas de salvaguardia bien claras y bien definidas para esa instancia, que en el caso de que haya indicadores, termómetros que salten y denoten que hay algún problema, haya mecanismos de ajuste, convocatorias urgentes, etcétera. No soy experto en el mercado laboral, pero en todo caso la receta sería esa, generar las instituciones para que llegado el momento no sean tan rígidas sino más flexibles.
EC – ¿Y en el frente fiscal?
J de H – En el frente fiscal, prácticamente todos los economistas de Uruguay están de acuerdo en formar un fondo anticíclico. De hecho no es algo ajeno, el año pasado en la ley de presupuesto se votó el Fondo de Estabilidad Energética, que está vigente y ya tiene 150 millones de dólares acumulados, lo maneja la Corporación Nacional para el Desarrollo. UTE vivió años de vacas flacas, poca lluvia, y el año pasado tuvo un año de vacas gordas, bajó en 400 millones de dólares la deuda que había acumulado. La deuda jugó de amortiguador, no nos pasó el mayor costo de esos años a los consumidores o a las empresas, cuando tuvo un año de vacas gordas y de mucha agua canceló deuda y generó un fondo de 150 millones que mandó a déficit –el déficit del año pasado no fue 1, fue 0,6, porque 0,4 se llevó a déficit y es un fondo de reserva– y se va a utilizar si hay otra seca y no se genera electricidad. El mismo criterio de buen padre de familia, como dice el Código Civil, es el que se debería aplicar en las finanzas públicas.
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Transcripción: María Lila Ltaif
Fuente: espectador.com
Empresas públicas: luces y sombras
Como todos los años, vale la pena echar un vistazo a los números de las principales empresas públicas, una vez disponibles esos números para el conjunto de 2010. Datos que son publicados por el MEF a precios corrientes y que a los efectos de facilitar su comprensión expreso en dólares, acumulando los datos mensuales una vez expresados en dólares al tipo de cambio promedio mensual respectivo.
Cifras que, por otra parte, integran los números fiscales difundidos todos los meses y lo hacen por varias vías: una, obvia, los pagos de impuestos que las empresas públicas realizan, como cualquier compañía; otra, en el caso de algunas empresas, los pagos de “dividendos” al Gobierno Central, que figuran como un egreso en las empresas y como un ingreso en el Gobierno; y otra, finalmente, que consiste en acumular el resultado financiero de las empresas, ya sea superavitario o deficitario, al del Gobierno, el BPS, las intendencias y los bancos Central y de Seguros del Estado.
En el cuadro que ilustra esta página se presentan, en millones de dólares, los principales rubros del “balance fiscal” de ANCAP, UTE, ANTEL y OSE. También se presentan, en la parte inferior del cuadro, indicadores elaborados a partir de esos números. Repasemos esas cifras yendo de menos a más en función del tamaño de cada una de ellas.
OSE. Con una facturación anual de US$ 326 millones, es la empresa con la mayor utilización relativa de mano de obra, la que insume, sin contar los aportes al BPS, un quinto de su recaudación. También es relativamente la que más invierte, por un 27% de sus ingresos. Los pagos de impuestos (a la DGI y al BPS) se llevan un cuarto de los ingresos de la empresa y su contribución a los números fiscales fue un poco inferior a esa magnitud pues su resultado financiero fue levemente negativo. De acuerdo con información de prensa, OSE sigue dejando de facturar una parte importante del agua que produce, debido a pérdidas en su red.
ANTEL. Su facturación en 2010 llegó a los US$ 922 millones y, como es habitual, una parte sustancial de ella contribuyó a las finanzas públicas directa o indirectamente: entre impuestos, dividendos y resultado final, esa contribución llegó al 51% de sus ingresos. No paga intereses por lo que tampoco tiene deudas, y paga todas las inversiones que realiza, que llegan al 12% de sus ingresos, con recaudación corriente. Los precios que la empresa cobra o se han mantenido estables por muchos años (en el caso de la telefonía básica) o han venido cayendo (en las áreas en las que compite con compañías privadas). Pero esa evolución de los precios ha sido más que compensada con el aumento del tránsito, del volumen de las comunicaciones realizadas.
UTE. Con una facturación de US$ 1.737 millones en el año pasado, esta empresa tuvo un ejercicio extraordinariamente positivo, tras varios años muy malos. Naturalmente, las lluvias en las cuencas de los ríos Negro y Uruguay fueron determinantes de la evolución de sus números. En tres de los últimos cinco años, UTE tuvo resultados en rojo: 33 millones de dólares en 2006, 352 millones en 2008 y 205 millones en 2009. En esos años se sumaron efectos negativos: menos generación por las represas, más uso de energía de origen térmico y más importaciones de electricidad desde la región. Además, con la mayor energía térmica siendo producida a partir del petróleo en niveles históricamente altísimos. El año pasado, las cosas cambiaron significativamente respecto a los dos ejercicios anteriores. El costo de la generación eléctrica se ubicó en poco más de US$ 400 millones, cuando en cada uno de los dos años anteriores se había ubicado en torno a los mil millones.
En 2010, la situación financiera permitió pagar inversiones por US$ 259 millones y generar resultados positivos por US$ 561 millones, adicionalmente a los pagos de impuestos a las agencias recaudadoras por US$ 348 millones. Las inversiones fueron particularmente elevadas el año pasado, si se considera que en el promedio de los cinco años anteriores se ubicaron en US$ 140 millones. Aquellos 561 millones incluyen dividendos transferidos al Gobierno Central y resultados financieros. En el caso de los dividendos, los hubo de dos tipos: primero, en mayo se retomó la versión de utilidades al Gobierno, por unos ocho millones mensuales, la que había sido interrumpida después de enero de 2008; segundo, hubo una transferencia especial, por US$ 150 millones para nutrir de los primeros recursos al Fondo de Estabilización Energética (FEE).
Está previsto que el FEE llegue a los US$ 400 millones, con el propósito de ser utilizado en tiempos de crisis en la generación de electricidad, para operar como un amortiguador fiscal, del mismo tipo del que muchos reclamamos se realice en el Gobierno para compensar la trayectoria del ciclo económico. En los recientes años de crisis, sin la existencia del FEE, en los hechos el amortiguador fue el endeudamiento de la empresa. Razonablemente, se optó por no transferir a precios el mayor costo de la generación de electricidad y se decidió aumentar su deuda, hasta llegar a US$ 726 millones al cierre de 2009, de acuerdo a declaraciones de sus autoridades a la prensa. Parte de esa deuda fue asumida con el Gobierno y con ANCAP que, de algún modo, aprovechó la holgura financiera que le generó el crédito venezolano para asistir a UTE. Al finalizar el año 2010, los excedentes financieros permitieron abatir la deuda en US$ 304 millones, por lo que quedó, de acuerdo a las mismas fuentes, en US$ 422 millones. Con semejantes cifras de endeudamiento, es razonable que la empresa haya pagado intereses por US$ 32 millones el año pasado.
ANCAP. Facturó por US$ 2.609 millones el año pasado, cifra que fue prácticamente destinada a compras de bienes y servicios (básicamente, petróleo y derivados) e impuestos, situación que ha sido característica de los últimos seis años. Si además se tienen en cuenta las remuneraciones, las inversiones (que subieron fuertemente en los últimos tres años) y la acumulación de stocks de petróleo (significativas en tres de los últimos cuatro años), parece evidente que la empresa ha de estar en números rojos permanentes. Efectivamente, en los últimos cinco años el resultado financiero de ANCAP fue negativo por un monto acumulado de US$ 440 millones.
Si se debe buscar la causa de semejante déficit acumulado, hay dos posibles, seguramente complementarias. Una, el fuerte aumento de las inversiones, que de US$ 6 millones anuales en el trienio 2005-2007, pasaron a US$ 122 millones en el trienio 2008-2010. Seguramente la primera cifra es subnormal, pero es igualmente cierto que la segunda es mayor a la habitual.
Otra, el atraso en los precios con relación a la evolución de los costos. También aquí vale el concepto aplicado a UTE en cuanto a que se ha utilizado a la deuda como elemento amortiguador del divorcio entre precios y costos. En este caso el crédito venezolano fue el medio para cumplir con ese propósito, el que según declaraciones a los medios de sus jerarcas se ubicaría en unos US$ 700 millones. Esto explica cómo se multiplicó por 12 en sólo tres años el monto de intereses pagados por ANCAP.
El camino a seguir en este caso, máxime en un contexto de elevada volatilidad del precio mundial del petróleo originado por las crisis políticas en países productores, debería ser reducir el IMESI a los combustibles de modo de mejorar las finanzas de la empresa sin tener que subir los precios al público. Sería, por otra parte, la forma práctica de terminar por un tiempo con la discusión absurda acerca de qué impuestos bajar.
Javier de Haedo








